Introducción
Algunas personas eligen China. Para John Micah Philippe, más bien parecía que China lo había estado eligiendo a él desde hacía mucho tiempo.
Con 23 años, el estudiante neerlandés acaba de empezar un máster en ciencias de la computación y tecnología en la Universidad de Pekín (PKU), en la promoción de 2026. Su camino hacia Yan Garden no comenzó con un formulario de visado ni con una lista de rankings universitarios. Empezó a los siete años, con el kung fu y la danza del león.

El primer tambor: kung fu y danza del león
Durante la mayor parte de su vida, John practicó kung fu y danza del león, más de 16 años en total. «Por eso la cultura china ya formaba parte de mi vida mucho antes de que pensara en estudiar en China», cuenta.
La danza del león no es solo un deporte. A su alrededor hay festivales, tradiciones y una comunidad que se reúne para las actuaciones. Ese mundo fue una parte normal de su infancia, y moldeó su manera de ver China: no como una abstracción lejana, sino como algo que se vive y se practica.
Al crecer en una familia multicultural, John también notó pronto que su entorno era distinto al de muchos compañeros en los Países Bajos. Eso le empujó hacia la curiosidad por otras culturas y por las distintas formas en que la gente entiende el mundo.
Fuera del entrenamiento, le encantaban los puzles, los videojuegos, la historia, el anime y la animación. Mirando atrás, esos pasatiempos construyeron en silencio la persona que es hoy: alguien a quien le gusta desmontar problemas complejos y adentrarse en mundos muy distintos del suyo.
Dos hilos: tecnología y cultura
En la Universidad de Ámsterdam, John estudió inteligencia artificial y completó su grado. Pero dos hilos atravesaron toda su vida.
Uno apuntaba a la tecnología y la lógica. El otro apuntaba a la cultura y al mundo en general.
China estaba justo donde se cruzaban esos hilos.
De una cultura familiar a un país lejano
«Es difícil señalar el momento exacto en que me interesé por China», dice John. «El kung fu y la danza del león ya me habían acompañado la mayor parte de mi vida».
En el instituto, estudiar historia de China convirtió esa familiaridad en una curiosidad más profunda. Le atraían las largas tradiciones del país, pero también los enormes cambios en su tecnología y su sociedad. Historia y presente no estaban separados para él. Un lado guardaba la tradición cultural; el otro, un país en plena modernización.
Luego llegó internet. A través de las redes sociales y de los vídeos cortos chinos, empezó a ver la vida cotidiana en China: las ciudades, las calles, la gente. Lo que más le llamó la atención fue un sentimiento de comunidad y pertenencia compartidas en los vídeos, algo que le resultaba distinto del fuerte énfasis en la independencia individual de la cultura neerlandesa.
Había conocido China a través del kung fu, la había entendido a través de la historia y la había observado a través de internet. Poco a poco, quiso estar allí en persona.

Un intercambio fallido, un objetivo más claro
Durante su grado, John intentó solicitar un programa de intercambio a China. Las plazas se decidían por sorteo, y no le tocó.
Ese revés no lo detuvo. Lo aclaró todo. «Si no puedo ir como estudiante de intercambio, entonces vendré aquí para hacer un máster», decidió.
Cuando empezó a hacer una lista corta de universidades, la Universidad de Pekín destacó enseguida. No perseguía solo rankings. Quería una universidad que fuera a la vez excelente académicamente y verdaderamente integrada en China, un lugar donde pudiera vivir el país y no solo estudiarlo. La historia de la PKU, su reputación, sus recursos de investigación y la enorme cantidad de equipos y laboratorios encajaban perfectamente.
Pekín terminó de decidirlo. A John siempre le ha gustado la historia y ha seguido la tecnología, y Pekín es una ciudad donde ambas conviven: cultura centenaria en una calle, tecnología punta en la siguiente. Para alguien con formación en IA, esa convergencia era justo lo que buscaba.
El puzle de la solicitud: los sistemas en línea chinos
Antes incluso de pisar China, John se enfrentó a un «desafío intercultural» muy práctico: solicitar la entrada en la PKU significaba navegar por sitios web, aplicaciones y sistemas en línea chinos... en chino.
«A veces encontrar la página correcta y averiguar el siguiente paso era como resolver un puzle complejo», recuerda.
Cada web usaba una lógica distinta. Algunas interfaces le resultaban desconocidas. Algunos procesos incluso exigían vincular un número de teléfono chino, algo que no podía hacer estando aún en los Países Bajos.
Por suerte, no estaba solo. Su novia es china y, en la fase inicial, le ayudó con las aplicaciones y páginas que solo existían en chino. En lugar de hacer capturas y traducir cada página, podía simplemente preguntarle.
Pero no se quedó dependiendo de nadie. Poco a poco aprendió a gestionar él mismo los procesos en línea, y las páginas que antes lo confundían se volvieron rutina.
En retrospectiva, la propia solicitud se convirtió en un ensayo de su vida en China. Le enseñó paciencia, constancia y una lección sencilla: algunos problemas los resuelves solo, y otras veces pedir ayuda es también una forma de fortaleza.
Llegar a Pekín
Hoy John está en la Universidad de Pekín. Los formularios complicados, los sistemas desconocidos y los problemas que parecían irresolubles no lo detuvieron: pasaron a formar parte de la historia que lo llevó hasta Yan Garden.
Su camino fue de un pabellón de entrenamiento de kung fu en los Países Bajos, a las aulas de IA de la Universidad de Ámsterdam, hasta el campus de la Universidad de Pekín. Cruza culturas y disciplinas, pero hay un hilo que lo recorre todo: la misma curiosidad que de niño lo llevaba a desmontar puzles.
Ahora, en Pekín, una ciudad donde historia y tecnología se encuentran, continuará sus estudios de informática y seguirá conociendo China a través de la vida real y de conversaciones reales.

Preguntas frecuentes
¿Cómo puede un estudiante internacional solicitar un máster en la Universidad de Pekín?
Los estudiantes internacionales solicitan a través de la División de Estudiantes Internacionales de la PKU. Normalmente se necesitan un título de grado, expedientes académicos, dominio del idioma (HSK para programas en chino o puntuación de inglés para los impartidos en inglés) y documentos de apoyo. La ventana de solicitud para la admisión de otoño suele abrirse a finales de otoño o en invierno del año anterior.
¿Ofrece la Universidad de Pekín programas de máster en inglés?
Sí. La PKU ofrece un número creciente de programas de máster impartidos en inglés en muchos campos. Puedes consultarlos en la lista docente de la Oficina de Estudiantes Internacionales de la universidad y elegir una vía en chino o en inglés según tu nivel de idioma.
¿Es difícil para los estudiantes internacionales navegar por los sitios web chinos de solicitud?
Puede resultar complicado al principio, ya que muchos sistemas son solo en chino y algunos pasos requieren un número de teléfono chino. Es un obstáculo habitual: reserva tiempo extra, prepara los documentos con antelación y pide ayuda a amigos o al personal de admisiones cuando lo necesites.
¿Pueden los estudiantes internacionales conseguir becas para un máster en la PKU?
Sí. Están disponibles la Beca del Gobierno Chino (CSC), las becas provinciales y las becas universitarias, que normalmente cubren la matrícula y a veces incluyen una asignación mensual y alojamiento. La PKU y la CSC publican los plazos cada año.
¿Cuánto dura un máster de la PKU en China?
La mayoría de los másteres en las universidades chinas duran entre 2 y 3 años. Los programas de ciencias de la computación y tecnología en la Universidad de Pekín suelen durar unos 3 años.
¿Qué nivel de idioma necesito para un programa impartido en chino?
Los programas en chino suelen exigir el nivel HSK 4 o superior, aunque algunos piden niveles más altos. En los programas en inglés normalmente se requieren puntuaciones de TOEFL o IELTS en su lugar.
